Aún recuerdo cuando me topé con los primeros singles de Oasis. Descubrir a la banda mancuniana a través de sus sencillos es una experiencia que puede marcar a cualquier adolescente. Desde luego, conmigo lo hizo. Recuerdo desentrañar las portadas de «Supersonic» (1994) o «Cigarettes & Alcohol» (1994) mientras de fondo sonaban temas quasi shoegaze como «Alive 8». Escucharlos una y otra vez y esperar a tener el siguiente CD entre manos. No, yo no viví el boom de Oasis en los noventa ni residía en Manchester. Yo los descubrí una década más tarde y los singles los iba sacando de mi biblioteca municipal. Pero para un adolescente sin internet, que no tenía más información de la banda que la mirada fija de Liam en la portada de «Supersonic» o la foto de colegas de borrachera que aparecía en la de «Cigarettes & Alcohol», el hallazgo fue muy valioso. Tampoco necesitaba mucha más información para calarlos que ese par de flashes y un puñado de canciones memorables. Y vaya si tenían de esto último.
Pero, ¿por qué unos tipos que no hacían más que añadir capas de distorsión a melodías sacadas del subsconciente de 30 años de pop inglés conseguían que sus canciones se enroscasen en el cerebro con tanta facilidad? Hay un componente de Oasis que facilita su entrada. Los primeros lanzamientos de Oasis son música concebida en el cuarto de un adolescente como Noel Gallagher para que otros adolescentes los escuchen. Definitely Maybe (y sus singles) son la mejor prueba de esto. Es música pensada en el aburrimiento de la habitación. En las horas muertas de uno de los barrios más grises de una ciudad ya gris de por sí como es el distrito de Burnage en Manchester. Tardes de tedio únicamente rescatadas por singles de The Jam, The Stone Roses y Bowie, escuchados una y otra vez desentrañando sus entresijos. Puedes imaginar a Noel tumbado, aburrido, palpando la pared de su cuarto y soñando junto a su hermano pequeño con ser estrellas de rock. Música de fans para fans, a fin de cuentas. En el caso de los Gallagher, el tabique que separaba los sueños de la realidad medía exactamente unos 50 minutos y once canciones. «Definitely Maybe» es el resultado de pensar un sueño en voz demasiado alta. Y con guitarras henchidas de distorsión.
Porque si algo destila el álbum es hambre. La voz de Liam conjuga desesperación y arrogancia, si es que es posible mezclar ambos sentimientos. Cada canción es atacada como si fuera la última a escuchar sobre la faz de la tierra. Probablemente, porque en el momento en que cada tema acababa de ser interpretado, el sueño se rompía y los Gallagher volvían a ser dos patanes de banlieu británica, sin otra expectativa de futuro que tener un trabajo gris, engullir litros de cerveza los fines de semana en pubs repletos de hooligans del Manchester City y devorar tabloides hechos para envolver pescado. Eso si no ingresaban en prisión antes, lo que en su caso era altamente probable viendo sus antecedentes penales. Cada acorde que repite Noel, cada nota que alarga Liam es un segundo más en el que ambos le ponen trampas al destino y escapan de una realidad asfixiante rodeada de violencia y mediocridad.
Esta garra tiñe todo el disco y le da un encanto especial. Porque, a pesar de su larga lista de referencias, Oasis consiguen en su álbum debut un sonido lleno de personalidad. A fin de cuentas «Definitely Maybe» es una baldosa más en un camino recorrido por The Stone Roses y Ride como bandas precedentes. Un cóctel de influencias del mejor rock inglés que conjuga sus últimos movimientos: desde el noise rock de Jesus And Mary Chains al glam rock de Slade aliñado con el punk de Sex Pistols y las melodías de The Beatles. Algo que crea un mejunje natural y refrescante, lleno de energía. Y que entrega once canciones (doce si incluimos la sublime «Sad Song») repletas de momentos memorables y emocionantes, de letras que aspiran a compartir la soledad de la habitación con noches etílicas de fiesta. Once disparos que apuntan al corazón del pathos adolescente y lo capturan con todas sus aristas.
Portada del single de Cigarettes And Alcohol (1994)
Ahora la historia es bien conocida. Los Gallagher triunfaron y consiguieron huir de todo. Pero entonces nadie sabía nada. El disco continúa sin conocer lo que pasó después. Cuando lo reproduces, el grupo suena con la energía desesperada de los primeros años. Hay cosas que nunca cambian. Y ese grito lleno de diversión y grandes melodías quedó capturado para siempre.
Publicado por la Revista Spazz en su lista de 100 mejores discos de la Historia http://revistaspazz.com/especiales/musica/100discos/9081/definitely_maybe.html














